Empinando a mi tía sobre la cama que comparte con mi tío para ensartarle el chile hasta el fondo de su panochita aguada.

La vieja ya se acerca a los cincuenta años pero tiene la energía sexual y la adicción a la verga de una perrita de veintitantos años. El pedo es que su marido, obviamente ya no puede seguirle el ritmo a sus impulsos de hembra en celo por más que quiera el pobre, pero para satisfacer sus necesidades de mujer, la putona me tiene a mí, su sobrino favorito. Luego de que me la cogí en marzo pasado luego de haberla encontrado metiéndose un pepino por la panocha, la pobrecita me busca a diario para que le dé su visita conyugal en su cantón y la haga chorrearse sobre la cama en la que más tarde duerme con mi tío.

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